El Lowdown: Al igual que mi madre antes que yo, que pasó horas pegadas al último lote de amas de casa Is-It-Really-Real de Bravo, pasé una buena parte de 2019 tambaleándose en el borde de mi asiento, esperando impacientemente a que Camila Cabello y Shawn Mendes solo beso ya. Los habitantes de la vacilación empapados de una tensión sexual candente perfectamente sincronizada con un nuevo ciclo de álbum, Cabello y Mendes subieron el calor este verano con “Señorita”. Un lombriz certificada, la pista estuvo acompañada por la provocación más emocionante de 2019: un video musical que se dobla los dedos de los pies en el que CaMendes nunca cierra los labios. Es una tortura que nos ha seguido a través de las estaciones, hasta llegar a un nuevo récord.

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El beso que no llegará es una analogía adecuada para el segundo LP de Cabello, Romance. Centrado en el láser en la entrega de un concepto central (lo adivinó: romance), el disco se preocupa tanto por la presentación (los sentimientos de sacarina, el fraseo juguetón) que a veces olvida su oficio. El romance nos lleva allí, claro, pero nunca nos lleva al límite.

El bueno: Con dos tristas románticos en su haber y tantos álbumes, Cabello está poniendo su crecimiento en plena exhibición. Sus conceptos son vividos, sus composiciones, más estratificadas. Tomando una página del tomo de la ex compañera de gira Taylor Swift, la quinta y antigua armonía se ha duplicado en el lirismo desenfrenado enraizado en los romances de la vida real. No, ese juego de palabras no se detendrá pronto.

Con la intención de construir un cuerpo de grandes bops inspirados en los años 80 sobre las muchas facetas de caer de cara, Cabello tiene éxito irónicamente cuando se aventura en un territorio más arriesgado, más sórdido y más tranquilo. Las pocas canciones aquí que abandonan a las atrevidas mariposas en la cara por la imprudencia temeraria reservada para los más cachondos entre nosotros son un aplazamiento bienvenido de un álbum que, de lo contrario, sería demasiado tímido como para arriesgarse a sonar. En “My Oh My”, Cabello canta acerca de salir y bajar. Es algo parecido al primo mayor y más experimentado de “Señorita”, con las debidas gracias al productor Frank Dunes y la asistencia del nuevo amor del hip-hop, DaBaby. En “This Love”, la estrella del pop ralentiza las cosas y deja caer inesperadamente la bomba f (una y otra vez) para obtener resultados sorprendentemente efectivos.

El malo: Romance es un álbum en su mayoría de corteza y mordisco escaso. Cabello continuamente juega a lo seguro con éxitos del pop pro-producidos más grandes que la vida que se remontan a los días más antiguos de Max Martin, donde se habría beneficiado de mostrar los lados más sucios y sudorosos de su concepto de cabeza a cabeza a través de más cambios sónicos ¿Nos atrevemos a llamarlo un mordisco?

El veredicto: Mientras todavía me aferro a mi sombrero CaMendes (Cabendes? Shawmila? ¿Cómo lo llamamos, de todos modos?), El viejo adagio se aplica aquí: lento y constante gana la carrera. Al igual que en asuntos del corazón, Cabello no está apurando su discografía. El romance es una entrada sólida, sexualmente cargada para estudiantes de segundo año que coloca el crecimiento en el centro del escenario y nos mantiene con ganas de más sin flaquear.

Ba dum tssss.

Pistas esenciales: “My Oh My”, “Living Proof” y “Señorita”

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